Comune di Genova

IAEC 2004

VIII Congresso Internazionale delle Città Educative

Un'altra città è possibile. Il futuro delle città come progetto collettivo

Ceremonia de apertura

Miércoles 17 de noviembre

Ceremonia de apertura

  1. Raffaele Niri
    Moderador - Periodista del periódico "La Repubblica"
    [Este texto es disponible solamente en italiano y en inglés]
  2. Giuseppe Pericu
    Alcalde de Génova
    [Este texto es disponible solamente en italiano y en inglés]
  3. Joan Clos
    Alcalde de Barcelona
  4. Raffaele Niri
    [Este texto es disponible solamente en italiano y en inglés]
  5. Enrico Da Molo
    Administrador Delegado de la Sociedad Genova 2004
    [Este texto es disponible solamente en italiano y en inglés]
  6. Lorenzo Caselli
    Miembro del Comité de Gestión de la Compañía de San Paolo y Presidente de la Fundación para la Escuela de la Compañía de San Paolo
    [Este texto es disponible solamente en italiano y en inglés]

4. Joan Clos

En primer lugar quiero agradecer a la Ciudad de Génova y a su Alcalde la organización de este Congreso de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.

Desde el inicio de nuestra aventura de este proyecto, muchas ciudades italianas, y entre ellas de una forma muy especial Génova, han jugado un papel muy importante a la hora de configurar la ideología, en el mejor sentido de la palabra, de lo que podría ser el proyecto de las Ciudades Educadoras. Y por lo tanto, Alcalde Pericu, muchas gracias por tu amabilidad, por tu generosidad y por tu hospitalidad.

Estamos en un sitio muy peculiar de Génova, aquí donde antes había el mercado de la lana, donde se traficaba, se comerciaba con la lana, en el puerto de Génova ahora convertido en un centro donde se comercia, y negociamos conocimientos: me parece muy simbólico y muy interesante. Esta es una transformación típica ya del siglo XXI.

Quiero agradecer también al Señor Da Molo de la Sociedad Génova 2004 y al Señor Lorenzo Caselli de la Compagnia de San Paolo por su apoyo a la celebración de este acontecimiento.

La Asociación Internacional de Ciudades Educadoras cuenta ya con unos cuantos años de experiencia y hemos conseguido movilizarnos, las ciudades, para compartir experiencias. Es un reto, yo creo, oportuno y adecuado para los tiempos que corren. Estamos en un momento donde las sociedades confrontan la realidad de la globalización, con la realidad de la disgregación de las culturas autóctonas, en un magma más abierto y comunicativo de interrelaciones culturales más diversas, donde hay el peligro, el riesgo de dilución del núcleo sólido y contundente de la convivencia ciudadana. En nuestras ciudades, al menos en nuestras latitudes - y después hablaremos de esto con otros alcaldes - estamos asistiendo a un incremento de las migraciones.

Esto es un reto en el mantenimiento de la convivencia y de sus valores en nuestras sociedades. Yo creo que en otras latitudes del mundo, quizás no con la trascendencia o con la gran diferencia de orígenes culturales que vivimos nosotros, pero sí, por otro proceso que también nosotros hemos vivido de migración de zonas rurales a zonas urbanas, está pasando lo mismo. Las grandes ciudades latinoamericanas o asiáticas y también africanas, en este momento, están creciendo a marchas forzadas con la llegada de la inmigración de zonas pobres o rurales de sus respectivos países; esto representa también un reto para la convivencia en estas ciudades.

La Asociación de Ciudades Educadoras avanza desde hace unos años, precisamente, para poner en marcha una reflexión sobre cómo la educación puede ser un elemento estructurador de la convivencia en ciudades que cambian.

Durante el siglo XX en los países occidentales la cultura de masas ha estado muy vinculada con - lo digo en este orden - la industrialización y con el movimiento obrero. Mucha gente en este siglo XX, en Europa, en España, en Italia, aprendió a leer y a escribir alrededor de su puesto de trabajo industrial, no tanto rural. Y los sindicatos de los partidos obreros jugaron un papel de integración social crucial.

Ahora estamos en el siglo XXI en otro contexto. No hay ya industrialización en nuestras latitudes, estamos claramente en una época post-industrial; la manufactura está disminuyendo y las formas culturales dominantes en nuestras sociedades están, en este momento, inmersas en una crisis de identidad. Los mass media están reemplazando a la cultura que antes se difundía a través del movimiento obrero. Hoy es más importante lo que dice la televisión que lo que dice el sindicado o el partido; y lo que dice la televisión, como que obedece a las leyes del mercado y necesita audiencia, no es tanto un proceso de formación sino un proceso de complacencia hacia la audiencia.

Por tanto la tendencia natural de los medios es a devaluar la cualidad cultural del mensaje. Y vemos como la mayor parte de los mensajes que se transmite a través de los mass media son banales cuando no, más directamente, incultos. Por lo tanto las ciudades estamos antes una nueva situación donde el aumento de la cultura popular en estos momentos no tiene dirección ni sentido, no tiene norte. Estamos expuestos a lo que decida “ el mercado”.

Esto es una situación muy preocupante porque de la cultura básica depende la cualidad de nuestra convivencia, la vida de nuestra población, nuestro futuro como ciudad; es decir, depende las formas donde vamos a resolver los conflictos urbanos.

En toda ciudad hay conflictos porque es un sitio denso de relaciones humanas; de estos conflictos nacen muchas cosas, nacen síntesis, creatividad, peleas, disputas entre barrios.... Pero está claro que estamos ante un reto inmenso que es la integración, el generar mecanismos de convivencia en una ciudad que crece.

Todas las ciudades del mundo crecen y, como que crecemos, estamos ante un reto de revisar permanentemente la calidad de nuestra convivencia.

No tenemos los instrumentos básicos del siglo XX, a través la clase obrera, para estructurar una cultura nueva; en cambio, tenemos que asimilar las diversidades culturales que emergen, que se expresan en una ciudad.

Por lo tanto a la escuela se le exige, directa o indirectamente, un trabajo y una función para la cual no está preparada y que no esperaba ejercer. Cuando el dominio cultural correspondía a la iglesia o a los instrumentos de la clase obrera, la función de la escuela se centraba exclusivamente en las enseñanzas de contenidos: matemáticas, geografía, lengua... porque la iglesia, la familia y las organizaciones sociales ya enseñaban el resto. Ahora, estas instituciones han perdido relevancia, la familia baja de consistencia y la escuela tiene la sensación – subjetiva al menos - de que a ella se le pide que arregle el mundo y nuestra sociedad.

Entiendo que esto es excesivo y que estamos verdaderamente en un proceso de transición muy importante - que ya dura dos décadas y que yo creo que va a durar dos décadas más, o sea 40 años - donde la ciudad, los alcaldes estamos buscando elementos que aglutinen una legitimación de los valores de la convivencia.

A toda esta situación hay que añadir la mayor libertad que los ciudadanos tienen a medida que nuestras democracias van avanzando, una libertad que en según que casos se ejerce en una sociedad con menos marcos de referencia, de valores, de clases. Por ejemplo nos enfrentamos a problemas muy acuciantes de las escuelas donde los jóvenes de 16 / 17 años plantan cara a los maestros y los maestros no saben qué hacer ni qué decir, y los padres tampoco tienen respuestas ante sus hijos.

Yo creo que el movimiento de Ciudades Educadoras es un espacio extraordinario y único, excepcional para poder debatir con un poco de profundidad sobre estos temas.

No sé si los arreglaremos, si seremos capaces de encontrar una solución, si hay solución a este problema. Pero al menos tenemos la oportunidad de compartir nuestras angustias, nuestros pensamientos y de intentar el esfuerzo maravilloso de generar una nueva actitud en nuestras ciudades para que los jóvenes encuentren un marco de referencia que en otros términos se está diluyendo, desapareciendo en nuestras sociedades, generando desasosiego, inquietud, malhumor, angustia, preocupación, depresión en algunos casos, violencia en otros, y una gran incertidumbre.

El momento es muy interesante. Todos sabemos y hemos podidos aprender a través del intercambio que propones esta Asociación, que hay ciudades que han experimentado, probado algo y de aquí espero y deseo que salga un caudal que sirva para que se abran nuestras mentes para posibles soluciones.

Por eso es tan importante lo que hacemos y por esto, como Presidente, os quiero agradecer vuestra dedicación y vuestro trabajo en esta dirección. Reitero mi agradecimiento a Génova por su generoso ofrecimiento. Que tengamos un muy buen Congreso de Ciudades Educadoras.

Gracias.

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