Un'altra città è possibile. Il futuro delle città come progetto collettivo
Viernes 19 de novembre
En mi presentación me concentraré sobre dos temas de reflexión: el primero es la dimensión del conocimiento y el aprendizaje en el contexto de la "sociedad del lifelong learning" y el segundo, cómo esta perspectiva se enlaza con el tema que aquí es central, la ciudad, la "ciudad educadora".
Lo que quiero proponer es un estudio sobre los datos que conocemos: una cuota creciente de población del mundo vive en contextos urbanos, más bien en grandes ciudades, en megacities; y hoy para todo el mundo, pero sobre todo para quien forma parte del mundo urbanizado, no es posible sobrevivir sin poner al día y reconsiderar lo que se sabe (o que se cree saber) sin un aprendizaje continuo.
La clave de lectura que voy a desarrollar en la primera parte de mi exposición se puede sintetizar de esta forma: me interesan los recorridos por los que se construye la que Anthony Giddens definió como nuestra "modernidad reflexiva" o, para decirlo con las palabras que yo prefiero, el escenario de una sociedad de lifelong learning. Los términos que uso son términos corrientes en la teoría sociológica, e intentaré definirlos adecuadamente y profundizarlos.
También en el debate actual sobre la construcción de Europa encontramos expresiones que considero relevantes: Europa es llamada sociedad de los saberes, sociedad del conocimiento.
Haré referencia, pues, tanto a reflexiones teóricas de las ciencias sociales como a algunos documentos que, en los últimos años, han tenido gran relevancia en la agenda de la Unión Europea. En este camino, de hecho, las contribuciones científicas y las propuestas políticas se cruzan, sugiriéndonos que tengamos en cuenta, o más bien que profundicemos, un hilo de lectura paralelo.
Ya a partir de los años noventa, la dimensión del conocimiento se propuso como central en el procedimiento de construcción de la nueva Europa. Dentro de las prioridades, en una primera fase, encontramos la capacidad competitiva del sistema económico-productivo: el compromiso se destinaba a fomentar la innovación y recalificar la fuerza laboral, mediante políticas de formación profesional y aprendizaje permanente.
Hoy se habla del objetivo del lifelong learning como de "un bien público" (Gorz): central para los valores de justicia y de democracia del proyecto de Europa.
Y se afirma que es fundamental "llevar la dimensión del aprendizaje a todos los niveles", considerando todos los componentes del sistema global: las instituciones públicas, las empresas, las organizaciones de cualquier clase, lo público como lo privado, la sociedad civil.
El Libro Blanco de 1995 y el Consejo de Lisboa de 2000 son dos etapas que a menudo se recuerdan, y 1996 fue el año europeo del lifelong learning.
Proyectos y experiencias operativas marcaron todo el camino sucesivo: en particular la "Declaración de Bologna" (2000) y el Plano de acción del quinquenio 2000-2006.
En relación a las ciencias sociales, en estos años se introdujeron conceptos innovadores: la "segunda modernidad" está caracterizada por procesos de "acumulación de reflexión", es decir prácticas de continua puesta en discusión, revisión, actualización de los propios conocimientos. Los autores a quienes me refiero principalmente son: Anthony Giddens, Zygmunt Bauman, Ulrich Beck.
Yo destaco la dimensión de la vida diaria: "competentes de la complejidad de lo cotidiano" es el modo con el que describo a los actores sociales. La nuestra es una sociedad en la cual, en la vida diaria, se sigue aprendiendo siempre; no estamos tan sólo disponibles, sino también somos capaces de hacerlo; y ello concierne no sólo a los ámbitos profesionales sino también a las competencias que la vida diaria requiere. Aprender algo nuevo, a-prender, en el sentido etimológico, escoger algo y apropiarse de ello: me parece que es posible decir que en la sociedad en la cual vivimos, mucha gente, casi toda, lo experimenta.
Aprendemos, esto se debe subrayar, en muchos contextos, en primer lugar los del trabajo, pero no sólo: el no-trabajo, las prácticas del bienestar y de la salud, la participación en actividades de la sociedad civil. Aprendemos por el simple hecho de formar parte de la experiencia de la "globalización", de experimentarnos como "nómadas", de orientarnos en la complejidad de la vida urbana. Tampoco se trata de grupos reducidos, categorías sociales especiales. De formas distintas, en diferentes contextos, con modos incluso muy diferentes, todos estamos implicados.
Condiciones de vida y tendencias al cambio ponen la gran mayoría de la población ante experiencias que no tienen comparaciones con los datos del pasado. En nuestro mundo "de alta densidad tecnológica" siempre debemos aprender: a manejar instrumentos y procedimientos que existen desde hace poco tiempo; a hacer cambios requeridos por las formas de organización y funcionamiento de sistemas complejos, a familiarizarnos con sistemas de relaciones y contextos diferentemente marcados por los datos de las nuevas tecnologías, a descifrar códigos y lenguajes. Cifras increíbles de personas se desplazan: son turistas, conmuters; se viaja por compromisos profesionales; la gente es "clandestina". En el tiempo del ocio, los niños y los jóvenes (y adultos) juegan y aprenden, como siempre pasó, pero se aprende según los modos y los ritmos de una sociedad informatizada y en rapidísima transformación.
Pues aprender, y en particular aprender en la edad adulta, no como privilegio de pocos (siempre fue así en el pasado) sino como componente fundamental de la vida, para todos: un cambio de escenario extraordinario, con una fuerte significación también simbólica.
Claro que tenemos que guardarnos de lecturas simplificadoras. En el conjunto de transformaciones que el hecho de vivir en la modernidad supone, somos partícipes de modos y con resultados muy diferentes, y es patente que las condiciones que favorecen el aprendizaje (o que constituyen un empuje a aprender) no tienen para nada las mismas implicaciones y la misma significación.
No es cierto que siempre se aprenda; y además, como dicen Levitt y March, "no necesariamente el aprendizaje corresponde a comportamientos inteligentes": no equivale a adquirir capacidades de información crítica, ser capaces de anticipar el futuro, actuando de modo racional.
Además esta no siempre es una experiencia fácilmente aceptable por parte de todos. A mucha gente le sucede que está desorientada, angustiada, o incluso incapaz de soportar este aspecto de la vida. Por lo tanto se buscan certidumbres, se vuelve a los valores del pasado, se restablecen adhesiones totalizadoras: el deseo de entregar en las manos de otros no tan sólo las decisiones más importantes, sino también aquellas diarias, a menudo se refleja en prácticas neo-comunitarias, en manifestaciones de fundamentalismo.
Pero también hay algo más. Viviendo de esta forma uno se compromete a tener comportamientos que se describen con expresiones como: proyectualidades dinámicas, redefinición de sí mismo, aprendizaje permanente. Requiere que se pongan en relación experiencias y conocimientos y que uno esté dispuesto a problematizar, relativizar, empezar nuevamente del principio.
Es patente que el aprendizaje del que hablamos no es "acumular" ordenadamente nociones e información, algo que se desarrolla sobre todo en algunas fases de la vida y en instituciones especializadas, siguiendo una concepción tradicional de la formación y de los procesos educativos. Es un proceso no sistemático, no lineal, no programable.
Jerome Bruner ya en los años sesenta habló del conocimiento y el aprendizaje como "procesos multi-dimensionales". También se llama "conocimiento práctico", "aprendizaje interactivo". Gregory Bateson sugirió que se precisa "aprender a aprender".
Enfrentemos el peso de ajustar cuentas con nosotros mismos (self-accounting, dice Jerome Bruner) y con lo que, durante la vida, vamos eliminando, olvidando, escogiendo. Zygmunt Bauman dice: estamos comprometidos a elaborar "una clase de comentario permanente de nuestras experiencias".
Conceptos como "trayectorias de aprendizaje", "biografías formativas compuestas", "aprendizaje biográfico", "recorridos reflexivos" me parece que correspondan perfectamente a nuestras experiencias diarias; arrojan luz sobre modalidades de creación de competencias, procesos dinámicos, estrategias personales. Pues los actores sociales son directores de cine y protagonistas de su propio aprender: continuamente se comprometen a orientarse y volver a orientarse.
Así Giddens describe nuestras vidas:
"…Siempre tenemos que ajustar cuentas con datos que ponen en entredicho lo que sabemos - y que nos piden adquirir, paralelamente, conocimientos y competencias…". "Nunca podemos estar ciertos que no tengamos que poner en discusión un aspecto u otro de lo que sabemos…"
"Nuestras prácticas sociales deben someterse continuamente a nuevos exámenes, y deben modificarse, a raíz de las nueva informaciones que nos llegan, y que precisamente conciernen a las mismas prácticas".
A mí me parece que, asumiendo una perspectiva de género, el concepto "neutro" de lifelong learning, que es absolutamente predominante y compartido, llegue a especificarse y enriquecerse. Mary Catherine Bateson, una estudiosa atenta en las modalidades específicas de la vida de las mujeres en nuestra sociedad, describió bajo esta clave de lectura a las mujeres de su generación que tuvieron que "empezar nuevamente muchas veces" durante su vida. Experimentamos cambios, fracturas y discontinuidad y, por lo tanto, tenemos que "componer y recomponer nuestras vidas". A menudo avanzamos, necesariamente, por improvisaciones: "improvisar", o sea definir una situación y dar respuestas apropiadas, pues un rápido proceso de aprendizaje es una práctica inevitable.
Detengámonos sobre la forma de vivir de las mujeres mayores. Una buena "calidad de la vida", objetivo compartido en nuestra cultura y tarea de la cual precisamente son responsables las mujeres adultas, exige que se continúe aprendiendo al desempeñar prácticamente cualquier actividad: interesándose de la propia salud y la de los otros (sabiendo orientarse entre diagnósticos, terapias, medicamentos y opciones a disposición), organizando "de forma inteligente" la casa y las vacaciones, los estudios de los hijos y las necesidades de los ancianos; interrogándose sobre las dificultades causadas por lo que se come, el aire que se respira; en las numerosas y complicadas relaciones con las varias burocracias públicas y privadas. Y hay que estar dispuestas a (y capaces de) comunicar e interactuar, en contextos y según reglas que van cambiando siempre, en el marco de la salud, dentro de las elecciones de consumo, en las relaciones con los servicios públicos y privados, con respecto a los cambios propios y del prójimo a lo largo de las diferentes fases de la vida, en particular en la vejez. Sin embargo estas no son prácticas aisladas y solitarias, se colocan también en contextos públicos, en actividades de networking (también en el Internet, por supuesto) y de participación. La mayoría de personas implicadas en movimientos sociales y actividades de voluntariado y asociacionismo son mujeres.
Es interesante hacer referencia a las mujeres adultas en la experiencia de las migraciones transnacionales. Evidentemente sería una equivocación mencionar a este propósito sólo las mujeres, pero sabemos que el elemento femenino no sólo ha ido creciendo y constituye actualmente la mitad de los flujos de movilidad (se precisarían otras puntualizaciones, según los itinerarios migratorios, las distintas procedencias y grupos de pertenencia).
Muchas investigaciones pusieron de manifiesto como en las circunstancias de inserción, son las mujeres que tienen la función de contacto con los servicios sociales, las escuelas, la organización sanitaria: pues son el enlace entre lo que son las necesidades y dificultades de la familia, y a menudo también de otras personas en la comunidad "diaspórica" de la que forman parte, e instituciones y cultura del país de migración. Si los hombres están atascados por su trabajo durante la mayoría del tiempo, las mujeres, viceversa, tienen que aprender a conocer los variados aspectos de la ciudad.
Y las que - sabemos que son muchísimas - desempeñan actividades domésticas y de cuidado (de ancianos, niños, enfermos) deben enfrentan las distintas costumbres y prácticas a las que tienen que familiarizarse: del aprendizaje de la lengua a los hábitos alimentarios, las costumbres cotidianas, las informaciones médicas, las urgencias a encarar.
Estas descripciones, cuyo valor es en términos generales, nos aparecen sin lugar a dudas muy pertinentes si se relacionan a los contextos urbanos. Y nuevamente uso una notación sacada de Anthony Giddens, quien subraya que lo que describe de la sociedad moderna se refiere a "los que viven en las áreas geográficas centrales de la modernidad". Ahora creo que son suficientes, me parece, unas pocas referencias para enseñar cómo circunstancias propias de la vida en los contextos urbanos son significativas para la reflexión que acabamos de elaborar.
Sabemos que imparables procesos de movilidad y migración contribuyen al aumento de la población urbana. Las "ciudades globales" son el destino principal de los flujos de movilidad. Un estudio (United Nations Development Programme) prevé que en 2025 las dos terceras partes de la población mundial vivirán en contextos urbanos y que en 2015 habrá en el mundo 33 concentraciones urbanas con más de ocho millones de habitantes. Tokio, Bombay, Lagos, San Paulo, Ciudad de México tendrán unos veinte o veinticinco millones de habitantes y más de quinientos ciudades superarán el millón.
Disponemos de muchas encuestas que identifican las implicaciones de datos como éstos respecto a las condiciones ambientales, los cambios en las estructuras urbanas y las costumbres de los habitantes, así como respecto a las nuevas necesidades y las nuevas pobrezas.
Y sabemos que en procesos de urbanización que tienen estos ritmos y estas dimensiones, sobre todo la gente que llega a la metrópolis procediendo de otros países o de ambientes rurales, por la mayoría vive pesados, difíciles itinerarios de integración.
"Se busca, se improvisa, se experimenta": así describe estos pasos Tahar Ben Jelloun.
Me detengo aquí sobre el contexto - y concepto particular, propuesto en un libro reciente (de Yuri Kazepov, Cities of Europe) – de la "ciudad europea": la ciudad europea como contexto que tiene características diferentes no tan sólo respecto a las de ciudades de las áreas "en desarrollo", sino también, de modo significativo, respecto a las de otras partes del mundo occidental, en particular de Estados Unidos.
En esta encuesta, todos los observadores insisten sobre las características históricas de formación de las ciudades en Europa, y sobre todo sobre las instituciones públicas y la "cultura" particular que se han asentado allí, con un arraigamiento mayor o menor, a raíz de la experiencia europea del welfare state.
La "ciudad europea" descrita con diferentes matices por varios autores (Saskia Sassen, Patrick Le Galès, Yuri Kazepov y otros) en los distintos contextos parece - según las variadas y diferentes circunstancias de los que viven allí - un entorno favorable, donde al mismo tiempo se requieren prácticas de lifelong learning.
Es posible encontrar unos ejemplos en ensayos, aunque muy diferentes entre ellos debido a los contextos, instituciones y estructuras que analizan: pienso en el texto de Enrica Morlicchio sobre las circunstancias de supervivencia de la población pobre de Nápoles y de otras ciudades de las regiones mediterráneas; pienso en cómo se describe, en los países nórdicos, la organización de un "papel" relativamente nuevo (pero que implica a un número ya relevante de personas), o sea lo del single. Y merecen ser profundizadas las descripciones de metrópolis como Londres y París, Amsterdam y Francfort; descripciones que ponen de manifiesto, analizando los modelos de organización urbana, las condiciones de las viviendas y de trabajo menos segregadas y discriminadas de lo que destaca en las ciudades americanas: pues se sugiere que quizás sean mayores las oportunidades de contactos y confrontaciones, quizás sean menos irreversibles las consecuencias del aislamiento y la exclusión de los inmigrantes.
En estas condiciones, de todos modos, se puede sugerir, para muchos y hasta casi para todos, que se trate de contextos "de negociación" o viceversa marcados por separación y prácticas discriminatorias, es inevitable construir la propia vida con "improvisaciones" y adaptaciones y aprendizajes: hay el hecho de enfrentarse con una pluralidad de sistemas e instituciones y culturas "otras" con respecto a su propio patrimonio de experiencias y conocimientos. No hay rutina: en estos procesos destaca el peso de los "capitales culturales" desiguales, las diferentes oportunidades o capacidades de construir redes y "comunidades diaspóricas"; por lo tanto, las prácticas de reflexividad y de continuo aprendizaje son cruciales.
Igual se habla de "virtudes sociales" de la vida urbana (Sennet); del "amplísimo campo de experimentación que desenvuelven los actores locales" (Le Galès); de las ciudades como "actor político colectivo" (siempre Le Galès), que tienen capacidades de organizarse autónomamente y expresar protestas o instancias o acciones de colaboración con los demás actores y niveles de la gobernance.
Es obvio que no es posible analizar en esta ocasión todos los interrogantes que quedan pendientes.
Indicaré sólo algunas orientaciones de profundización.
Ante todo, con respecto a la posibilidad y a los modos del aprendizaje. ¿Quién, cómo, qué?
El dato de las desigualdades que marcan las circunstancias de la vida diaria destaca inmediatamente. Los varios grupos de población, las diferentes generaciones, las mujeres y los hombres disponen de recursos muy desiguales incluso en las sociedades occidentales. Globalmente la divergencia es muy grave y sigue aumentando.
Igualmente crucial es un segundo interrogante: ¿es posible pensar en un aprendizaje que sea crítico, problemático, autónomo, en un sistema donde predomina el peso de los medios de comunicación, con su poder de manipulación y aplanamiento?
Debemos procurar entender en qué condiciones es posible orientarse, precisamente de formas problemáticas y críticas - en presencia de flujos de comunicación sin interrupción; cuáles son las implicaciones de un sistema de “media” omnipresente y omnipotente (que incluye sitios web y revistas en línea y foros telemáticos, y naturalmente la publicidad) cuyas reglas las establecen preponderantemente y casi exclusivamente los criterios de mercado.
Entonces en la perspectiva de una sociedad del aprendizaje permanente es fundamental interrogarse si y cómo se admite una pluralidad de fuentes de información y se les da espacio a posturas discordes y a la voz de quienes están “en los márgenes”, “fuera”. Y qué influencia tienen los mecanismos de distorsión y exclusión.
Una última orientación de profundización se refiere al hecho de que cada vez más dramáticamente tenemos que enfrentarnos con emergencias, acontecimientos estremecedores, desastres. Una expresión que formuló hace muchos años Edgar Morin, "lo inesperado siempre es posible", marca hoy nuestra vida diaria.
En los últimos años se ha reflexionado mucho más que en el pasado sobre los recursos que los actores sociales pueden plantear y cómo los dominan, sobre los recorridos y los resultados, los tipos de estrategias y de técnicas. Ulrich Beck y Zygmunt Bauman, y el mismo Giddens en recientes contribuciones, llamaron la atención sobre cómo actualmente las angustias, la sensación de miedo, y la necesidad de seguridad, deben estar al centro de los análisis. "Sociedad del riesgo", "sociedad de la incertidumbre", "un mundo sin control" son las expresiones que estos autores introdujeron en el debate.
Cuestiones patentemente cruciales. Trátase de todos nosotros.
[Extracto. El texto completo es disponible solamente en italiano]
Los parques naturales como talleres de responsabilidad socioambiental: la experiencia del Parque Nacional de Aspromonte
Introducción
En esta ponencia quiero relacionar sobre mi experiencia de líder del Parque Nacional de Aspromonte de 2000 a 2004. Fueron años intensos en los que el Parque Nacional de Aspromonte experimentó diferentes caminos y desarrolló diferentes iniciativas que tienen un mínimo común denominador: el parque como taller de sostenibilidad medioambiental, social y económica. En este sentido, creo que esta experiencia, como otras que se están realizando en otros parques naturales, puede constituir un punto de referencia fructífero para una estrategia educativa destinada a ofrecer a las nuevas generaciones modelos virtuosos de gestión del territorio.
He repartido mi intervención en tres partes. En la primera se analiza el papel del ente público en la gestión del territorio a partir de dos coordenadas fundamentales: la participación y la innovación.
En la segunda se hace referencia a algunas experiencias concretas con el fin de mostrar las dificultades que se encuentran a la hora de armonizar instancias y necesidades conflictivas. Finalmente, la tercera está dedicada a las “falsas urgencias” que nos afligen y que se podrían solucionar favoreciendo – como lo hemos experimentado en nuestra experiencia – las premisas para la responsabilización de los sujetos sociales.
1.1 Innovación y participación: el empresario público
A partir de la caída del muro de Berlín, el descrédito sobre lo que es gestión pública de bienes y servicios se extendió como mancha de aceite. De esta forma, no sólo entró en crisis el Welfare, presentado como asistencialismo parasitario, sino también todas las conquistas en el campo de la defensa de la salud, del ambiente, de la calidad de vida. Incluso la idea de programación y de planos públicos en la gestión de los recursos ya se ve con desconfianza.
El golpe fue tan fuerte que, para sobrevivir, muchos partidos socialistas europeos adoptaron políticas de matriz neoliberalista, promoviendo privatizaciones y reducciones de los servicios del Estado social, en las que la naturaleza se reduce a simple factor de producción y los vínculos medioambientales se saltan tranquilamente, quizá después de una valoración del impacto ambiental.
Los países del sur del mundo, incluso los que habían probado caminos alternativos de socialismo de parecer humano, fueron arrebatados por la oleada del neoliberalismo autoritario. Con tal de atraer inversiones extranjeras y préstamos del FMI, aceptaron medidas de reducción drástica del gasto social, de las contribuciones a la agricultura, de los dependientes públicos, de liberalización de los provechos y consiguiente carrera hacia la privatización de los recursos naturales, que antes estaban bajo el control de las instituciones y/o de las empresas estatales.
De este modo, sólo se reforzó en la opinión pública la idea que lo público o gubernamental es sinónimo de ineficiencias, corrupción, derroche, atraso. Por contra, la empresa particular ya está aceptada como motor de desarrollo, progreso tecnológico, modernización de la sociedad.
Esta forma de enfrentarse al sistema económico y político está todavía más marcada en las áreas periféricas del mundo. Es precisamente donde hay más necesidades sociales, donde es más fuerte el deterioro medioambiental que afecta directamente a las poblaciones locales que los estados y sus aparatos están débiles, ineficientes y, generalmente, muy corruptos. ¿No existen, entonces, alternativas a dejar la sociedad en las manos del mercado, a reducir países enteros a “empresas”, a esperar que llegue el desastre medioambiental global para que las comunidades humanas se rebelen?
En la gestión tradicional de las instituciones públicas prevaleció, incluso en países de buena tradición administrativa y buen sentido del Estado, una enajenación creciente, una separación creciente entre “el tiempo“ del mercado y las nuevas tecnologías correspondientes y el “tiempo” de la política y de la administración del estado. Es éste el reto al que se precisa responder.
Si intentamos, por tanto, imaginar otra gestión de la “res-publica”, otra forma del territorio en la cual las instituciones públicas desempeñen un papel preeminente junto a otros sujetos sociales, descubrimos pues que existen grandes espacios de experimentación y grandes oportunidades, a escala local, para salir del túnel en el que vivimos hasta ahora.
Para responder a los retos del mercado capitalista y mantener espacios de democracia real, hay que combinar dos elementos clave: la innovación y la participación. La gestión del territorio no puede encomendarse, como se hizo hasta ahora en muchas partes de la tierra, a una burocracia desmotivada e ineficiente. Los tiempos del mercado capitalístico hacen obsoleta la gestión burocrática tradicional de las urgencias territoriales, y también la política así como las varias formas y ritos de la democracia representativa corren el riesgo de hacerse obsoletos. Sin embargo, la empresa capitalista difícilmente logra responder positivamente, en términos de eficacia para los usuarios, a la gestión de bienes públicos. De la salud a la escuela, de los transportes al ambiente, son innumerables los ejemplos que es posible dar con el fin de mostrar que los bienes y los servicios públicos no se pueden gestionar eficazmente a través de una organización que sólo tiende a minimizar los costes y maximizar las ganancias. En estos mercados, las ONP (Organizaciones No Profit) serían más eficientes, considerando el objetivo paretiano de satisfacción para el mayor número de usuarios a paridad de recursos, tanto con respecto a las empresas for profit, que tienen todo el interés en lucrar sobre la ignorancia de los consumidores, como con respecto al aparato gubernamental que no tiene la flexibilidad necesaria para cumplir con las necesidades de dichos usuarios y que en general muestra una rigidez de costes independiente de la calidad y cantidad de los servicios brindados. Este razonamiento, apoyado por datos y búsquedas en este campo, llevó a una expansión del área del no-profit tanto en las áreas ricas como en las periferias del planeta. Este crecimiento del así llamado “tercer sector” claro que tiene aspectos positivos pero, simultáneamente presenta unos elementos negativos que se han señalado en el debate en curso. En todo caso, el hecho de que el Estado cede al “tercer sector” la gestión de algunos servicios no soluciona la cuestión del papel del ente público en esta fase histórica, especialmente en los países que presentan altas tasas de marginalidad social, miseria, servicios ineficientes o inexistentes.
Por otra parte, tampoco una simple mezcla de lo público y lo particular puede resolver los problemas sociales y ambientales más relevantes, sobre todo en las áreas periféricas que tienen escasos recursos públicos a disposición. Cabe poner nuevamente en juego las fuerzas sociales, combinar los empujes desde abajo con una gestión del poder político que sea innovador y que tenga características participativas.
No es debido al azar que el movimiento mundial de lucha contra esta globalización de la miseria y deterioro medioambiental haya tenido lugar precisamente en una zona de Brasil donde se experimenta un nuevo papel en la gestión de las instituciones públicas a nivel local. Después de tres años de experimentación de la metodología del “presupuesto participativo”, no sólo se ha registrado un crecimiento casi del 100% en la participación popular en las asambleas que deciden cómo, dónde, para cuáles necesidades asignar los recursos públicos, sino también permitió conseguir resultados relevantes en la lucha contra la marginalidad, la exclusión social, la microcriminalidad, el deterioro ambiental. Pero lo que nos parece ser el valor más grande de esta experiencia va más allá de estos datos. Es la capacidad de construir una sociedad vivible, reducir los daños de la polarización social imperante, poner en juego, valorizar todas las expresiones de la sociedad civil organizada. Resumiendo: hacer sociedad. Ésta es la misión del empresario público, tanto que sea un alcalde como un representante de un barrio o de una región. Hacer sociedad significa poner al primer puesto el “desarrollo social y cultural” y considerar el crecimiento económico como una herramienta. Significa valorizar las redes de solidaridad y economía social, significa dar prioridad a las necesidades de los últimos y de los más necesitados, los perdedores, como se definen en base a los valores del mercado. Significa innovar, dentro de los métodos, los procedimientos, las intervenciones en el territorio, volviendo a equilibrar la relación ciudad/campo, zonas centrales y periféricas, redistribuyendo en el espacio, entre las clases sociales y entre las generaciones, las oportunidades de vivir una vida digna. Y no es una casualidad que esta estrategia esté ligada a una atención particular hacia las temáticas ambientales y especialmente hacia la cuestión de la tierra: reforma agraria y justicia social, hoy, sólo se combinan con el apoyo a la agricultura biológica, la lucha contra los OGM, el crédito a la pequeña empresa campesina, a las cooperativas agrícolas, etc.
Si el camino es justo, no se debe subestimar la especificidad de la experiencia brasileña y sus raíces histórico-culturales. La participación en las elecciones políticas relevantes para la disposición y utilizo del territorio requiere una pregunta desde abajo, una conciencia de los propios derechos, un deseo de participación que es lo contrario del deseo de delegación que es preponderante, en esta fase, en el mundo occidental, y no sólo. Esto no quita que no sea posible, incluso donde faltan tradiciones culturales consolidadas, instigar mecanismos virtuosos que logren combinar innovación y participación, a partir de las peculiaridades locales. No existen, de hecho, modelos que se puedan generalizar; existen ideas-guía y valores comunes y, sobre todo, experiencias a ser confrontadas.
Por otra parte, la sola participación es insuficiente si la maquina pública sigue siendo manejada de manera no eficaz, clientelar y parasitaria. Por esto es necesario que un procedimiento de participación popular esté acompañado por la multiplicación de la moderna figura del empresario público, que puede ser un alcalde, un presidente del comité de un barrio, de una provincia, etc. Una figura que tenga en común con el empresario particular, él de shumpteriana memoria, el carácter carismático del liderazgo y la capacidad innovadora, pero que se diferencia por el objetivo de alcanzar que no es el mayor provecho, sino el mayor bienestar de la comunidad que administra. Su primera habilidad consiste en mantener el “difícil equilibrio” entre “innovación y participación”. Si las innovaciones introducidas, en la máquina administrativa o en el territorio, son demasiado avanzadas o demasiado elitistas el riesgo es el fracaso del objetivo que se pretendía alcanzar. Por otra parte, sin innovaciones de “proceso” (o sea: modificaciones de la máquina administrativa y participación de sujetos sociales externos al aparato burocrático) y de “producto” (o sea: intervenciones en el territorio de carácter económico, social y cultural), la gestión política del territorio se convierte en gestión burocrática.
La alternativa no consiste, por tanto, en una contraposición estéril y ahistórica entre la empresa particular y las instituciones burocráticas, sino en relanzar el papel de coordinación y de dirección de la entidad pública; su papel innovador, su capacidad de experimentación social y cultural.
Éste es la forma para leer los siguientes párrafos, donde se ajustan cuentas con la gestión del territorio del Parque del Aspromonte, a partir de algunas innovaciones introducidas y de algunos mecanismos de participación instigados.
1.2 El difícil equilibrio
El conocimiento de los ciclos y de los signos de la naturaleza, la búsqueda del equilibrio y el sentido del límite son los baluartes de la convivencia de la gente de montaña, son las líneas guía que le permitieron al hombre, a lo largo de los milenios, vivir en ambientes difíciles y precarios. Sin embargo, el sentido del límite y la búsqueda del equilibrio también son valores que tendrían que guiar la acción política en la gestión del territorio. Sobre todo en la gestión de un parque, si no se buscan equilibrios cada vez más avanzados - entre las instancias de las fuerzas sociales y económicas y las obligaciones institucionales de tutela y salvaguarda de la naturaleza – se corre el riesgo de implosión entre los papeles de la burocracia y el vacío del politiquear.
La gestión de un Parque natural es una experiencia extraordinaria de la que uno sale o reforzado, desde el punto de vista del conocimiento del territorio y de su cuidado, o destruido por las peleas infinitas y el inmovilismo deprimente. No existen manuales, líneas guía, o planes que puedan salvarte del tomar decisiones difíciles y complejas, que puedan guiarte establemente en las dinámicas de un mundo que cambia rápidamente. Tampoco los mejores planos, territoriales y socioeconómicos, pueden prever los cambios, internos y externos, al territorio del Parque que producen continuamente un desplazamiento de las coordenadas en las que es necesario moverse y tomar decisiones. La búsqueda de un buen equilibrio, entre instancias sociales y tutela ambiental, es una búsqueda constante de puntos de equilibrio, siempre precarios, ya que no existen estacas, es decir resultados que se consiguen una vez para siempre.
Son muchos los ejemplos que se pueden citar para aclarar estos conceptos. Quisiera mencionar brevemente solamente dos que me parecen muy significativos.
1) La electrificación de Polsi
Cuando, el 22 de noviembre de 1999, presidí el primer Consejo Directivo (C.D.) del Ente Parco del Aspromonte, encontré, entre las muchas peticiones de autorización, también una comunicación del gerente administrativo del ente que informaba al C.D. sobre el hecho de que, en razón de “quien calla, otorga”, pues ENEL (Ente Nazionale Energia Elettrica) tenía derecho a llevar a cabo la construcción de la línea eléctrica San Luca-Polsi.
Enel, que en otros parques de Italia encuentra la manera de enterrar los cables eléctricos, de las “Cinque Terre” (Cincos Tierras) a las Dolomitas de Belluno, aquí se niega, se atrinchera detrás de obstáculos técnicos que no existen, sostenida por su peso político y su cultura colonial.
Por otra parte están los habitantes de la aldea de Polsi, que llevan décadas esperando la corriente eléctrica después de que un desprendimiento de terreno eliminó el trabajo de una pequeña central hidroeléctrica de 50 KW que había hecho autosuficiente este pueblo sagrado y misterioso.
Escribía Valerio Giacomini (1986), uno de los padres fundadores de los parques italianos: “Un parque no se construye sin involucrar a sus habitantes”. Tienes que empezar por las necesidades de la gente, y debes encontrar las soluciones más avanzadas posibles para conciliar la tutela del medioambiente y las necesidades de quien vive en la montaña y, a menudo, en el aislamiento.
Por lo que se refiere al suministro de energía eléctrica, el camino obligado, en este caso como en otros parecidos, es el uso de energías renovables. Sobre todo, es necesario superar las desconfianzas de las poblaciones locales con respecto a las “alternativas” al cable eléctrico que, en el imaginario de las poblaciones marginalizadas, representa no sólo la “seguridad” y la “regularidad” del suministro, sino también la señal visible del “progreso”, de la emancipación del aislamiento.
Por ello se precisa mostrar con los hechos que las energías renovables funcionan, son gestionables y representan también un factor de modernidad y de progreso social. Para alcanzar este importante objetivo es fundamental no sólo potenciar la investigación y la experimentación, sino también actuar desde el punto de vista cultural, implicar a las fuerzas sociales locales para que el cambio de enfoque a las fuentes energéticas sea compartido y participado. Y los Parques, en éste campo, pueden convertirse en laboratorios extraordinarios para el territorio, incluso más allá de los confines del parque.
2) El camino desde Samo hasta las cascadas de Forgiarelle
Samo es un pequeño pueblo de tres mil habitantes, cuya origen probablemente remonta a los griegos aunque haya perdido huellas y memorias.
El Consejo Municipal de Samo, acogiendo las instancias de la población, le pidió al Parque que autorizara la construcción de una pista para acceder a la zona de las cascadas “Forgiarelle”, con el compromiso de disciplinar el acceso para impedir formas de turismo incontrolado que podrían perjudicar una de las áreas mejor conservadas del Parque. Por contra, algunas asociaciones ambientalistas locales (CAI y WWF en particular) protestaron amenazando actos de denuncia si esta pista fuera autorizada por la Entidad del Parque.
¿Quién tiene razón? ¿Con quién ponerse? Las razones de tutela ambiental sostenidas por los ambientalistas son reales, pero lo mismo se puede decir de las peticiones de una población para acceder a su propio territorio de montaña. Las asociaciones ambientalistas tienen miedo de que una nueva pista pueda abrir el paso en una área de protección total, y que las verdaderas intenciones de la administración municipal sean otras. En cambio, los administradores locales denuncian el hecho de que los líderes de estas asociaciones viven todos en grandes ciudades cerca del mar y que no saben nada de las necesidades y exigencias de las personas que viven en la montaña. En fin, se abrió un conflicto que se podría definir emblemático. El conflicto entre la protección del medioambiente y las necesidades sociales es ineliminable en nuestra sociedad de los consumos de masa. No hay que remover el conflicto, sino que asumirlo como recurso para hallar soluciones más avanzadas en el plano social y ambiental. Se trata de manejarlo encontrando puntos de equilibrio “inestables” y en continua evolución.
1.3 Las falsas urgencias y las alternativas posibles: incendios, aluviones, desechos
La palabra urgencia es una de las más utilizadas y abusadas en esta fase histórica, sobre todo en nuestro país. El término “urgencia” evoca situaciones excepcionales, anómalas, destinadas a suscitar miedo y preocupación general. Y sirve, en primer lugar, para desplazar la atención del gran público, para bloquear o ralentizar el proceso de obsolescencia de la información, para volver a llevar hacia arriba la curva de Vernon aplicada a la mercancía “información”.
Todo ello produce la consolidación de una visión del mundo en el cual la casualidad o la fatalidad desempeñan un papel primario, a través de un proceso de naturalización de lo que es un producto social y de artificialización de lo que es natural. Así, en las sociedades tecnológicamente avanzadas se consideran, por ejemplo, los accidentes de circulación o los muertos en el trabajo como elementos fortuitos, asociados a la casualidad y a la mala suerte, igual que los pueblos premodernos los cuales solían ya convivir con pandemias o terremotos. Un caso ejemplar es aquello de los incendios que afectan regularmente todos los años a la mayoría de los países del mundo. Y esto sucede desde hace treinta años, sin que nadie se pregunte en serio cómo es posible que en una sociedad tecnológicamente tan avanzada sea posible aceptar que se vayan al garete, cada año, sólo en Europa, aproximadamente 400.000 hectáreas de bosque.
También el área del PNA muchas veces ha sido afectada por incendios destructivos durante la última década.
A partir de esta realidad, quien escribe trató de entender cómo se podía afrontar este fenómeno y encontrar respuestas creíbles y vencedoras. Hay que recordar que las causas de incendios en general suelen ser dolosas, aunque no haya datos ciertos, con el 24 % de los casos que el Ministerio del Ambiente define “causas indefinidas”. Otro elemento, que yo llamaría estructural, que impide una seria lucha contra los incendios está representado por el enfoque del fenómeno y los intereses que se han consolidado creando una pura y simple industria del incendio. Todo esfuerzo de las instituciones públicas, tanto a escala nacional como regional, ha sido destinado a la adquisición de más tecnología para combatir los incendios. Nadie se pregunta por qué ante inversiones tecnológicas crecientes los resultados son tan decepcionantes. Nadie se pregunta cuáles son los intereses en juego, cuánto ganan las empresas particulares que alquilan los aviones para apagar dichos incendios a 1500 euros por hora, o qué responsabilidades tienen los aparatos públicos encargados de la lucha contra los incendios.
La experiencia hecha en el PNA en este campo es realmente ejemplar. En el verano de 2000 llevamos a cabo una iniciativa experimental nacida después de entrevistar a los testigos privilegiados que se ocupan de la coordinación de la lucha contra los incendios.
Empezando por este análisis, tratamos de experimentar otro modelo que comienza por la idea de la responsabilidad territorial y por el hecho de que el incendio es un fenómeno social y se debe afrontar en este terreno. Introducimos, así, los que definimos “contratos de responsabilidad”, subscriptos por todas aquellas asociaciones de voluntariado interesadas (asociaciones de protección civil, grupos ecologistas, etc.) inscritas en el registro regional. Empezamos en 2000 estipulando contratos con dos asociaciones de protección civil que tenían ya experiencia comprobada en este sector, encomendándoles a estas asociaciones el 30% de la superficie del Parque. Sobre la base de los resultados positivos, en 2001 el Ente Parco Aspromonte publicó una convocatoria en la que podían participar todas las asociaciones que tenían los requisitos necesarios. A las nueve asociaciones que lo habían pedido, les fue encomendada una parte de la superficie del Parque hasta cubrir toda la superficie de 78.000 hectáreas. La idea-fuerte es la de darles la responsabilidad de una parte del territorio a las asociaciones que lo piden mediante un contrato en el cual, fijando un gasto global (que incluye la paga diaria para los voluntarios, el reembolso de gastos para los desplazamientos y los medios usados), se determina una cuota mínima de reembolso de los gastos correspondiente al 50% y otro 50% se atribuye en base a este parámetro: los incendios en la superficie encomendada no debe superar el 0,2 % del total.
Una idea simple, incluso banal, que se reveló exitosa. El gasto global para esta operación es de 200.000 euros con un gasto regional y estatal que, para la sola provincia de Reggio Calabria, corresponde a diez millones de euros aproximadamente. Desgraciadamente, mientras en varias partes de nuestro país se tomó seriamente en consideración esta estrategia de lucha contra los incendios, la junta regional calabrés, no obstante haya expresado aprecio para la iniciativa, siguió en el camino de mayores gastos para avistar los incendios y para los aviones Canadair.
El discurso no es muy diferente por lo que atañe a dos otras urgencias recurrentes: los desechos y los aluviones.
a) la gestión de los desechos en las zonas periféricas y en las zonas protegidas
Uno de los problemas más graves que las entidades locales deben afrontar en las zonas periféricas es la gestión de los desechos. Trátase de un problema que surge y se hace insostenible sobre todo en los países que hicieron registrar un crecimiento relevante de los consumos sin un desarrollo paralelo de la sociedad civil y las instituciones públicas. Para evitar equivocaciones es necesario decir enseguida que la mayoría de los desechos, tóxicos y no, del planeta la producen los países más ricos e industrializados. Pero estos países son, en gran parte, también los en que la administración pública tiene una larga historia y donde el sentido civil de la población, sobre todo a nivel de autogobierno local, se desarrolló a lo largo de los siglos. Cabe añadir, para completar el cuadro, un detalle importante: la exportación masiva de desechos tóxicos del norte hacia el sur del mundo.
Del mismo modo, en muchos países del Mediterráneo que vieron un fuerte incremento de los consumos, crecieron patentemente los vertederos abusivos y se hizo cada vez más compleja y difícil la gestión de los desechos. Este fenómeno interesó también las zonas urbanas y del interior de nuestro sur. En particular, los parques nacionales y regionales del Sur de Italia, fueron arrollados por el fenómeno, inducido especialmente por el turismo masivo.
Por lo tanto, el problema de los desechos en los parques naturales del Sur de Italia está conexo en particular con el fenómeno del turismo del “usa y tira”, del turismo dominical, un fenómeno social que ya concierne a las zonas más perdidas del planeta. Los nuevos turistas de la sociedad del consumo llegan a todas partes y dejan su huella, algunas veces indeleble.
Para afrontar este problema, los dirigentes de los Parques nacionales y regionales decidieron invertir dinero sobre todo en la sensibilidad de la gente, sobre las actividades que se definen de “educación ambiental”. Debemos admitir que hasta ahora los resultados no han sido muy positivos. Probablemente, los resultados se puedan obtener en el largo período, dado que la mayoría de las iniciativas de educación ambiental concierne las escuelas.
En la gestión del PNA tuvimos que enfrentarnos con dos problemas relativos a los desechos. El primero concierne los Municipios del Parque que en algunos casos ni siquiera logran eliminar la basura depositada en los contenedores adecuados. Y también hay áreas de pic-nic donde se cometió un error fundamental: instalar contenedores de rechazos sin saber quién, cómo (considerando la no siempre fácil accesibilidad de los lugares) y cuándo alguien irá a buscarlos. El segundo problema es el crecimiento de un turismo dominical, vago y contaminante, que es difícil de gestionar.
En pocas palabras, estas experiencias muestran que no es fácil modificar, en el breve y medio plazo, los comportamientos ambientales del turismo ocasional, dominical, del “usa y tira”. Se necesitan más actuaciones para obtener resultados tangibles. La primera se refiere a la presencia de los vigilantes forestales para sancionar a las personas que abandonan los desechos o cometen otros ilícitos ambientales. La segunda concierne una estrategia de persuasión o, como se dice hoy, de “moral suasion” [persuasión moral, ndt], manejada por las asociaciones ambientalistas y apoyada, incluso financieramente, por el Ente Parque. El tercer tipo de intervención es el que se refiere a los contratos de responsabilidad. Las asociaciones firman un contrato con el que se comprometen a mantener limpia un área determinada, durante un determinado período del año (generalmente el verano por motivos obvios). También en este caso, está prevista una cuota fija que cubre algunos gastos, y una cuota (el 50 %) que se encomienda por entero si la superficie cubierta por los desechos, en las zonas encomendadas, no excede el metro cuadrado. ... Esta actuación supone también cambios en las costumbres de los ciudadanos: quien encuentra limpia, por ejemplo, una zona de estacionamiento, será inducido a no ensuciar, a recoger los residuos y ponerlos en su coche. Después de un primer año de experimentación, podemos afirmar que esta metodología adoptada por el PNA dio resultados más que satisfactorios.
Pueden parecer detalles, pequeñas cosas, pero es sobre éstas pequeñas cosas de la vida diaria que se juega la calidad de la gestión de un territorio.
b) aluviones, derrumbes y mantenimiento del territorio
Uno de las diferencias más relevantes entre las zonas del centro y las de la periferia del mundo concierne a una cuestión que a menudo se subestima: el mantenimiento del territorio y sus estructuras. El sur del mundo, y desde 1990 incluso los países del este europeo, hacen registrar un deterioro creciente en el mantenimiento del territorio, con la consecuente destrucción de un capital fijo social del cual debería beneficiar toda la comunidad.
A nivel de desbarajuste territorial, un fenómeno en expansión en todo el planeta, las diferencias entre el norte y el sur desaparecen y en algunos casos la situación hasta se invierte. En Aspromonte, los grandes desastres remontan a 1951 y 1972, cuando enteras poblaciones fueron trasladadas, con la fuerza, a la costa. Con una sola, inteligente, excepción: el Municipio de Canolo. Umberto Zanotti Bianco, uno de los más grandes expertos del Sur de Italia del siglo XX, quiso que se reconstruyera en montaña la vieja aldea de Canolo, pasando de 400 m aproximadamente a los actuales 900 m donde nació el nuevo pueblo de Canolo. Y tuvo razón. Todas las poblaciones trasladadas de la montaña a la costa sufrieron un cultural cash pesado, olvidaron sus viejos trabajos, su unión y su conocimiento del territorio: son montañeses que viven en la costa. El abandono de las montañas y colinas sólo produjo estropeo y desolación. Y éste es un fenómeno general. Un fenómeno que también animó a muchos ambientalistas conservadoristas a revalorizar la función del hombre en el mantenimiento de ecosistemas. Sin embargo, el mantenimiento de estos territorios no es nada fácil. “Manutenere”, significa literalmente tener con las manos, y esta expresión es muy apropiada cuando se trata de cuestas, de despeñaderos, de promontorios acantilados hacia el mar. Como las colinas del Parque de “Cinque Terre”. Uno de los lugares más encantadores de Italia, pero también uno de los territorios que más están en peligro, donde la acción valiente y tenaz del presidente del Parque, Franco Bonanini, está procurando de contrastar esta degeneración que, hasta hace pocos años, parecía irreversible. La emigración de la posguerra, la huida de la agricultura de colinas, llevaron en pocas décadas al desmoronamiento de estas maravillosas montañas que vigilan sobre el Mar Lígur. La causa aquí como en otros lugares es una sola: la desaparición de los banqueos. La desaparición de aquellas mampostería en seco, fruto del trabajo y de la pericia seculares. Bonanini logró, aunque parcialmente, contrastar este fenómeno con una serie de vínculos e incentivos para las personas, y ahora son muchas, que quieren rehabilitar su casa de campo o reconstruir una ruina tal vez para crear un chalet. Luego la explosión del turismo hizo lo demás. Y el billete que el turista paga para acceder a algunos senderos del parque permite tener otros recursos adicionales para financiar la reconstrucción de las mampostería en seco cuyo coste por metro cuadrado corresponde aproximadamente a 150 euros. El turismo, por un lado, y la capacidad del parque de valorizar y certificar los productos locales le dio un valor especial al vino de pasas local, llamado Sciacchetrà, haciendo provechoso el cultivo de vid hasta en una pequeña parcela de tierra. Construir una mampostería en seco, piedra sobre piedra, escogiéndola cuidadosamente y poniéndola el en el punto adecuado, es un arte pobre, pero preciosa, que ningún curso profesional puede enseñar. Sobre todo, es difícil encontrar a alguien que quiera aprender. Hicimos grandes progresos en las técnicas de ingeniería de renaturalización (Maione, Principato, 2002), de operaciones de contención ligera, pero no sabemos volver a crear aquel sistema de banqueos que permitió, a lo largo de los siglos, la tutela de los ecosistemas de colinas y montañosos.
Además corremos el riesgo de que a los derrumbes y aluviones se responda con actuaciones que enyesan al territorio, que lo ahogan en un manto de hormigón. Al fin y al cabo, los derrumbes de terreno y las aluviones también pueden ser ventajosas, como lo enseña el caso de Sannio, para atraer ingentes recursos financieros sobre los que hacer crecer provechos extra, corrupción y criminalidad.
Todos estos ejemplos quieren lanzar un mensaje puntual: todas nuestras urgencias, todos nuestros principales problemas de gestión del territorio, pueden afrontarse y superarse sólo si la entidad pública pone en marcha mecanismos de responsabilidad social que implican a las partes más dinámicas de la sociedad, los sujetos sociales y económicos disponibles para asumir sobre sí mismos gravámenes y honores, de formas transparentes, en lo que es la gestión del territorio.
Giacomini V. e Romani V., Uomini e parchi, F. Angeli, Milán, 1986
Maione U., Principato (a cura di), Linee guida per la progettazione di opere di difesa idrogeologica nel Parco Nazionale dell’Aspromonte, Ed. Bios, Cosenza, 2002
Messner R., Salvate le Alpi, Bollati Boringhieri, Turin, 2201
Perna T. Aspromonte. I parchi nazionali nello sviluppo locale, Bollati Boringhieri, Turin, 2002
Tizzi E., L’equilibrio. I diversi aspetti di un unico concetto, CUEN, Nápoles, 1995