Un'altra città è possibile. Il futuro delle città come progetto collettivo
Sábado 20 de noviembre
Los trabajos del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras han sido una oportunidad única de intercambios de experiencias y relación entre las personas y nos dejó adentro la memoria de un evento de alguna manera raro que es el de poderse cotejar con tantas partes diferentes del mundo entero. Las experiencias presentadas intentaron proponer un nuevo proceso de responsabilidad pública, un pacto entre instituciones y ciudadanos para el futuro de la comunidad. Y la apuesta es precisamente esta: la de diseñar una nueva dimensión del espacio público y una nueva dimensión de uso público de los espacios, construida a través de un sistema de relaciones entre ciudadanos y administraciones, que configura un nuevo crédito y por cierto no una autoridad.
Este proceso de construcción de un nuevo sistema de relaciones también es el antídoto quizás más fuerte contra ese vaciado de las comunidades, esa fragmentación de identidades individuales y colectivas que luego deja lugar a fenómenos de racismo, intolerancia, miedo, inseguridad. Este pacto no es posible que no sea - y es algo realmente difícil - también un pacto entre generaciones así como no es posible que no sea un pacto entre sujetos fuertes y sujetos débiles. Durante los días del Congreso se puso de manifiesto el valor y el reconocimiento de las diferencias; tenemos un reto que enfrentar: el de pasar de la escucha y el dialogo a la actividad común. Precisamos introducir recorridos de mestizaje, yendo más allá del reconocimiento de las diferencias, para construir nuevas culturas que nacen del encuentro. Estas nuevas culturas deben marcar la dimensión pública de las administraciones pero deben nacer también de las relaciones entre las personas.
Sería realmente un elemento grave limitarse a reconocer las diferencias: del reconocimiento de las diferencias también nace, en otros contextos políticos actualmente muy fuertes en el mundo, la idea de la incomunicabilidad. No es la comunicación la que rige el reconocimiento de las diferencias, sino es el querer superar las diferencias manteniendo procesos de identidad, encontrando otro camino, enriqueciendo y produciendo ese nuevo.
Hay un ejemplo significativo: los niños de nuestras escuelas, niños de tantas razas procedentes de muchos procesos distintos, sobre la base del color de la piel reconocen al otro no como portador de un diseño cultural global, sino si es antipático o simpático, si jugar juntos o no. Los procesos de diferenciación luego empiezan fuera de la escuela pero ese elemento que produce dentro de la escuela un sentimiento nuevo de pertenencia y una nueva capacidad de relación es precisamente uno de esos procesos invisibles que nosotros debemos hacer crecer en las ciudades.
Este es realmente un gran reto: activarse en el software y no tan sólo en el hardware; es el reto de la educación como finalidad y no sólo como herramienta y la idea de la educación como condición necesaria para una ciudadanía consciente, para la calidad del futuro, para satisfacer a las preguntas que proceden de las numerosas pobrezas materiales, viejas y nuevas, que marcan el mundo, pero también de las muchas pobrezas mentales que marcan nuestro occidente y no solamente este.
Lo que procuramos hacer en estos días, lo que se intenta hacer desde una década, es de algunas maneras contra tendencia y también compite con las palabras débiles de la política actual, con los umbrales bajos de la representación, con culturas mediáticas y difundidas de mayor intensidad respecto a nuestras palabras y nuestras acciones de administradores y ciudadanos.
Competimos en la larga historia de las ciudades – aunque haya ciudades con una historia milenaria y ciudades con una historia de 20 años, ciudad tal vez pequeñísimas italianas y megalópolis del oriente y de Latinoamérica que también tienen 50, 100, 200 años – con lo que es la fin del ‘900, con un nuevo milenio que inicia con un derribo de los que fueron los procesos de promoción social y construcción de la democracia.
Aquí está la búsqueda nada fácil de nuevos procesos donde el sistema de relación, de conocimiento, de capacidad de poner en círculo inteligencias y saberes se hace imprescindible. La política y las administraciones públicas solas no se lo pueden. En ello hay la cuestión de la felicidad de la búsqueda, pero igualmente la fatiga del cotidiano, que nunca debe ser subestimada como valor simbólico, cuestiones estas que siempre deben enlazarse al tema de asumir la dimensión ética.
Génova es una ciudad encerrada entre el mar y la montaña, donde sus identidades culturales oscilan entre el apego a las propias raíces y la elección, o la obligatoriedad, de ir hacia lo nuevo, la voluntad de quedarse pegado a la tierra y la conciencia de que la tierra es muy poca y que se precisa ir allende el mar para luego volver a la tierra. También esta en una linda metáfora del proceso que debemos iniciar.
Efectivamente llegamos al final de este Congreso. Para terminar yo querría hacer algún comentario y también hablar de la Carta, que el otro día fue expuesta y ha sido en este Congreso puesta al día después de haber sido discutida previamente con las ciudades.
La Carta es el instrumento fundamental que tenemos como acuerdo de lo que entendemos que debe hacer una Ciudad Educadora. Por eso, en una Asociación que en tantos aspectos comprende ciudades tan diversas, tener un eje como es la Carta muestra las coincidencias de las ciudades que formamos parte de la Asociación.
Por esto se nos ha ocurrido que cuando, dentro de unos pocos minutos, concluya mi intervención, antes de que acabe realmente el Congreso, pueda un representante de cada ciudad firmar la Carta. Se trata de un gesto simbólico, puesto que la Carta fue aceptada en su día ya por la Ciudades y después ha sido ratificada a través de los comentarios y de la introducción de los elementos que las ciudades han sugerido. Pero pensábamos que este acto simbólico de firmar la Carta aquí en este Congreso en que ha sido renovada y puesta al día tiene un valor en los diez años de la Asociación Internacional.
La Carta probablemente tendrá que ser renovada de nuevo en el futuro, pero ello no es más que la prueba de que la Asociación es capaz de adaptarse y de acoger cada vez más temas y cuestiones que preocupan a las ciudades y que se van modificando con el tiempo.
Querría también hacer algún otro comentario; lo hago a título personal puesto que todavía no ha habido tiempo de reunión con el Comité Ejecutivo para que el Comité mismo, al terminar el Congreso, haga una valoración de las impresiones, las informaciones. Así pues, en lo que diré no estoy reflejando la opinión del Comité sino la mía personal.
Estoy elaborando aquello que me ha llegado durante el Congreso. Las ciudades que acogen el Congreso de Ciudades Educadoras tienen libertad para organizarlo como quieren, aunque hay un intercambio constante en el periodo de preparación con el Secretariado y con el Comité Ejecutivo.
Sin embargo, hay algunas cuestiones difíciles sobre las cuales nosotros damos unas indicaciones puesto que son problemas que hemos encontrados ya en anteriores Congresos. Me estoy refiriendo a la dificultad en la distribución del tiempo, el dilema entre tener tiempo para exponer de una manera suficientemente extensa la experiencia y el trabajo de cada ciudad y tener un tiempo limitado en el cual es más importante el intercambio que la exposición de cada uno. Es imposible hacer un Congreso tan largo como para que cada ciudad pueda explicar largamente sus aportaciones y haya tiempo para debatirlas. De modo que ante esta dificultad entre lo que es estrechamente narrativo y informativo y lo que sería debate y elaboración conjunta, intentamos encontrar una fórmula intermedia en la que hubiera algunos ejemplos que se explicaran más largamente, y que luego dan lugar al debate, y otros que sólo se enunciaran para que las ciudades pudieran saber que hay alguien que está trabajando sobre este tema y para que luego puedan contactar con la ciudad con la que les interesa hablar.
Evidentemente, esto genera cierta frustración puesto que no es posible explicar o conocer extensamente aquello que nos ha interesado. Este es un dilema que es propio del Congreso y, por lo tanto, no es imputable a la organización. Cada vez hay más ciudades y por lo tanto más proyectos que se exponen aquí: tenemos que saber aceptar esta dialéctica entre la capacidad de exponer y de explicar largamente y la capacidad de simplemente enunciar algo para que luego se pueda trabajar de otra manera.
Por suerte, en este momento tenemos suficientes instrumentos de comunicación como para que las cosas no tengan que comunicarse simplemente en el cara a cara; podemos utilizar otros medios.
El Congreso tiene que ser sobre todo el lugar donde mostrar lo que se hace y que luego cada ciudad encuentre la manera de ir más afondo en aquello que le ha interesado.
El segundo aspecto que querría comentar es el que hace referencia a los contenidos, especialmente de las conferencias, de las charlas. Aquí les digo francamente que la impresión muy personal que he tenido, puesto que es posible que otros miembros tengan otro punto de vista, es que estamos frente a un tema absolutamente importante: la ciudad posible. Hemos oído en estos días muchas descripciones de la ciudad posible: es el lugar de todas las utopías, de todos los proyectos, de resoluciones imaginarias de todos los conflictos y frustraciones que experimentamos.
Nuestra experiencia en el mundo, hoy, es que frente a una ciudad que mejora hay también muchas ciudades que empeoran, y que no está tan claro en el mundo que el sueño de la democracia vaya adelante. Vivimos, no quizá en nuestro continente sino internacionalmente, la experiencia de ciudades que fueron potentes a lo largo de la historia, a veces incluso en un pasado muy cercano, y que hoy están peor de lo que jamás estuvieron. Tenemos, lamentablemente, demasiados ejemplos. Creo que nos hallamos frente a una cuestión que no podemos dejar simplemente al sueño y a la utopía. Estamos en una carrera contra el tiempo.
En este sentido yo creo que el diagnóstico está claro -lo hemos oído aquí y en otras ocasiones– y es incluso hasta a cierto punto angustioso. No me gusta insistir sobre el aspecto de angustia porque creo que la manera de mejorar es siempre desde la alegría. Pero tengo la impresión que desde la teoría se ha hecho muy difícil avanzar y las soluciones en el mundo de hoy no están predeterminadas. Y creo que afloran más desde el trabajo por la base que desde el trabajo académico. Yo soy académica de toda la vida y por lo tanto no lo digo sólo como persona que está en la política sino que además conozco el trabajo académico y todo lo que puede aportar. A mi modo de ver, de donde estamos sacando respuestas es de las aportaciones que hacen las delegaciones. ¿Qué pasa? Que son todavía aportaciones muy parciales que tratan de resolver problemas relativamente dimensionados y establecidos, que parecen pequeños frente a la inmensidad del diagnóstico y de los problemas gravísimos que vemos hoy en el mundo.
Creo que la respuesta la estamos aportando desde esta base que constituye la invención, donde producimos la innovación en la articulación de pequeñas respuestas que hay que ir sumando y poniendo en común. En este sentido creo que este Congreso ha demostrado un avance respecto a congresos anteriores, no por la organización, sino porque nuestro movimiento de Ciudades Educadoras avanza, madura y aporta cada vez más soluciones, ciertamente parciales pero muy reales y concretas a los problemas que nos planteamos.
En este sentido creo que deberíamos utilizar cada vez más los medios virtuales de que disponemos para la colaboración y para que los Congresos sean este momento de encontrarnos, de vernos, de conocernos, de celebrar, pero que el trabajo real sea el trabajo continuado que hacemos cotidianamente. Cada vez tenemos más cosas que comunicar, cosas más interesantes que pueden ayudar a todas las ciudades. Espero que así sea.
Finalmente quiero terminar dando una vez más las gracias a todas las personas que han trabajado, a todas las personas que están aquí representando a sus ciudades y el trabajo de muchas más personas. También, evidentemente, y de una manera muy especial, a la ciudad de Génova por el esfuerzo que ha realizado; a Luca Borzani y a todo su equipo por un trabajo que me parece extraordinariamente meritorio. En cualquier caso, muchísimas gracias por el Congreso, por la acogida que nos habéis hecho, por la magnífica fiesta de ayer, por habernos permitido pasear y conocer, un poco mejor o por primera vez, esta ciudad que efectivamente es de una densidad ciudadana y histórica absolutamente impresionante. Esperamos vernos de nuevo en Lion y ser muchas más ciudades.
Muchas gracias.